domingo 23 de septiembre de 2007

WHAT A DAY FOR A DAYDREAM Capítulo 3

Sábado por la tarde. Te has gastado un buen dinero en un vestido de marca rebajado que te hace parecer cinco kilos más delgada y seis meses más joven y has pensado en apuntarte a un gimnasio para recuperar el aspecto de cuando tenías treinta, tu mejor edad. Mirándote al espejo se te ha olvidado que anoche hiciste el ridículo debutando ante un público de jóvenes ruidosos como la mujer sola y amargada que elegiste ser el día que enterraste a Mike. El vestido nuevo, aunque rebajado, no merece lo que cuesta, pero lo que tú no sabes es que ese tipo de ropa lleva un encantamiento que borra los dolores ocultos y sólo muestra lo que está a la vista. Aún piensas que es demasiado caro y se te olvida que mientras lo lleves estarás fuera de la tumba, respirando sobre la tierra. Aún tienes que ponértelo muchas veces Jane para que el encantamiento se vaya con los lavados, pero mientras tanto disfruta delante del espejo, imagina un nuevo príncipe en tu vida derrocando al muerto y sentándose a tu lado en tu trono de tres plazas frente al televisor con una botella de vino y una película antigua.
Suena el teléfono. Es Cathy. Dice que ha quedado con Lorna y Babette y que cuentan contigo. Le dices que ya tienes cita y esperas estoica a lo que viene después. Lo de siempre, el cotilleo, el cambio de tono, “y-quien-es-ese-tío-y-a-ver-si-de-una-vez-por-todas-echas-un-buen-
polvo-y-te-quita-las-telarañas-blablablabla”... Qué bien se lo montan ellas, las ganadoras de las olimpiadas de echarse novios, las que no dejan uno cuando ya tienen otro sin tiempo para coger aire entremedias. Lo entiendes de Babette, que es chatita y francesa y exagera su acento para gustar el doble; lo entiendes de Cathy, tan necesitada de afecto como para buscarlo con el mismo ahínco que se busca petróleo. Pero ¿qué tiene Lorna de especial? una gata escuchumizada y arisca con mala leche inversamente proporcional a su pocas luces. En realidad estás harta de las tres, al parecer ellas hubieran reaccionado de forma más inteligente y madura ante la muerte de su hombre. Habrían guardado el duelo, habrían prescindido del maquillaje durante una semana y después habrían salido a comprar sábanas nuevas para estrenarlas con uno lo bastante sano como para llevarlas a las cumbres del éxtasis. Un sustituto de categoría Jane, ése que tú no te has sabido buscar. Ya me contarás, se despide Cathy. Descuida lo haré, te despides tú, pensando si te inventarás una noche de cama con Richard con detalles que tendrás que copiar del Cosmopolitan porque tú ya no te acuerdas, a ver si así se calla el consejo de sabias y te dejan en paz de una vez por todas.

(...) Continuará

5 comentarios:

raindrop dijo...

Espero la continuación...

Parece mentira, pero hay muchos detalles que se me hacen 'extrañamente familiares'.

un saludo

Gustavo Tisera dijo...

Es muy bueno lo que escribes. El universo de las mujeres nunca lo terminaré de comprender. Excelente el blog, un saludo y espero el siguiente capítulo!

Carmen dijo...

Gracias por vuestros comentarios, he estado tan liada con el trabajo y tan cabreada con mi Mac (se bloquea cada dos por tres) que no he podido escribir una línea sin soltar un improperio.
Siguiente capítulo en marcha...

Va por ustedes.

Carmen dijo...

Por cierto raindrop... ya me contarás algún día y sólo si tú quieres qué es eso de "extrañamente familiar".

Saludos

Fermina Daza dijo...

Carmen, como dice Raindrop, todo me resulta extrañamente familiar, pero no porque haya leído algo parecido, ni mucho menos, sino porque me identifico en parte con Jane, yo también podría decir lo mismo de algunas amigas...

Sigo

 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.