Sábado por la mañana. Las cosas se ven de otra forma a la luz del día. La noche nos transforma en lobos, especialmente a los que andamos por la vida buscando el norte ¿verdad Jane?. De día nos arrepentimos de los destrozos que hemos hecho, sobre todo porque puede que nos los hayamos hecho a nosotros mismos. Te arreglas un poco para ir al centro, sabes que las cosas ya no tienen remedio, metiste la pata y ahora los nuevos vecinos ya saben que comparten su espacio con una enferma mental. Te pintas los labios y te pones tacones, así te harán más caso en las tiendas caras. Es sábado y tu tarjeta de crédito está intacta desde hace meses. Sabes que las compras son terapéuticas para algunos individuos y hoy también lo serán para ti. Después llamarás a Richard. Ayer le diste plantón y hoy quieres disculparte. Aceptarás su invitación a cenar y después, quien sabe.
Richard es de origen jamaicano, un mulato de ojos color miel que resultaría atractivo si su descripción se parase aquí. En persona es un cuarentón café con leche, perilla escasa y gafas ahumadas que ocultan unos ojos reventones y amarillentos. Se crió en la cultura rastafari y ahora odia todo lo que se le parezca. Le sale sarpullido si escucha un reggae y le dan arcadas la gente que lleva rastas, dice que son medusas revolucionarias. Richard es de esos negros que olvidan que lo son y se llevan un susto cada mañana al mirarse al espejo. Le gusta el jazz, la ópera y los clásicos del pop. Está divorciado de una profesora de canto italiana y tiene dos niños como dos capuccinos con cacao espolvoreado sobre las cabecitas y uniforme de colegio privado. Es un buen hombre Richard y si no fuera porque te parece más feo que picio, ya os habríais ido a la cama hace tiempo. Por suerte para él, sus genes africanos han sido generosos con su cuerpo y cuando las mujeres llevan un rato en su compañía se olvidan de sus ojos de zombie y ya sólo piensan en lo bien que debieron elegir los esclavistas a sus antepasados. Es un buen hombre, sí, pero también es un cazador de trofeos al que de momento sólo le interesas porque aún no te ha tumbado sobre un colchón. En realidad no te importa, te cae bien y esta noche quieres reírte un poco, siempre puede sorprenderte haciéndose pasar por un dandy blanco. Cómo tú dices, ésa es la importancia de llamarse Richard.
(...) Continuará
domingo 23 de septiembre de 2007
WHAT A DAY FOR A DAYDREAM Capítulo 2
Publicado por
Carmen
en
13:17
Etiquetas: Capítulo 2
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1 comentarios:
Me encanta, la descripción de Richard es "total"
Sigo
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